Poemario

Espejismos

SOBRE EL CONCEPTUALISMO POLITICO Y SU PROYECCION SOCIAL

Dentro de la presentación que algunas personas quieren hacer del arte, yo me atrevo libremente, en la cadena de intervenciones que vengo realizando en bienales, museos, reuniones sociales; en el medio urbano, en el medio ecológico y en los medios de comunicación masiva, intervenir el encarcelado concepto del arte, desvirtuado y desviado en una selva inconclusa e insípida, fría, que sólo pretende alejar el arte de su verdadero sentido: la comunicación. Solamente el oscurantismo permite que un grupúsculo de personas cree cuotas de poder, que permitan la manipulación la manipulación del lenguaje, del emisor y del receptor. La sociedad, en su concepto más amplio, es la que alimenta mis emociones, dentro de su tiempo, dentro de su espacio, y dentro de sus aventuras cotidianas.

Por lo tanto, todo mi trabajo va enfocado a ese conglomerado, sin evadir y sin desligarme de lo positivo o lo negativo que la sociedad pueda tener, asumiendo totalmente mi responsabilidad humana y mi puesto dentro de ella como individuo. No hay divorcio entre el yo ciudadano y el yo artista, y mucho menos entre el yo artista con mi realidad social inmediata; sus problemas de corrupción, traición, desempleo, atracos, problemas de amor, de educacción, organización, supervivencia y alimentación, son también mis problemas.

El artista no es un títere, y menos una persona vacía, carente de inteligencia para poder expresarse, con todos los medios que estén a su alcance. Si bien es cierto que el idioma cotidiano está gastado, eso nos impulsa a crear otro lenguaje, pero con diferentes símbolos sígnicos. No quiere decir que estemos alejados de la palabra, y que necesitamos de otras personas para que hablen por nosotros; totalmente absurdo. Y si es verdad que poseemos otro mundo mágico y maravilloso, este no es otro que el de la verdad, el coraje y la continua reflexión de nuestro yo con el medio, y viceversa.

Los problemas sociales y las barreras idiomáticas, creadas por terceros, que se interponen inescrupulosamente entre el emisor y el receptor, han hecho del arte algo distante e incomprensible, para la mente “bloqueada” y “uniformada” de nuestro pueblo, creando círculos clasistas y elitescos, estúpidos y vanales, alrededor de la creación artística.

Nuestra función, nuestra contribución al desarrollo cultural e inteligente del pueblo, cada día se hace más difícil y menos eficaz, debido al bloqueo que recibe el arte, por su eminente poder político, por su valor dentro del desarrollo social; y es, precisamente, partiendo de esa conclusión, que ataco los juicios estéticos preconcebidos, dándole yo más importancia al problema de supervivencia, dentro de lo que nos ha tocado vivir como realidad tercermundista de países subdesarrollados.

El problema para nosotros, dentro del arte contemporáneo, del ya y el ahora, no es exactamente el de la estética, sino de la supervivencia, ante la crisis que nuestros países atraviesan. Por eso mis trabajos son concebidos para ofrecerlos a mi realidad, y por mi realidad. No es secreto para nadie que, por mediocridad, ventajismo, traición, comodidad, cobardía y colonialismo, existan otras personas, además de potencias extranjeras, que pretenden mantener a nuestros países dentro de ese marco de podredumbre y corrupción que les permita a algunos traidores aprovecharse de la patria, y a otros, explotarla libremente, sin que nadie se interponga.

En el nuevo arte latinoamericano, desde el camino indicador y objetivo, podríamos citar como ejemplo el trabajo de los compañeros Antonio Caro y Alvaro Barrios (de Colombia); Helio Oiticica, Glauber Rocha, Ligia Clark, Cildo Mirelles, Antonio Díaz, Hudinilson Junior, Ivald Granato y Tres-nos-tres (de Brasil); Geo Ripley (de República Dominicana); Grupo Caic (de Argentina); el No-grupo (de México); los venezolanos Claudio Perna, Marco Antonio Ettedgui, Carlos Zerpa, Pedro Terán, y este servidor, entre algunos otros; quienes han ido convergiendo, paulatinamente, dentro de una visión, donde el concepto de la obra va unido a la realidad social existente en cada uno de nuestros respectivos pueblos, creando una nueva meta, un propósito claro y preciso. La importancia del instante, en función del verdadero valor de nuestras vidas, no está llena de absurdos y alienaciones. Es un arte propio, latinoamericano, responsable, que parte de nuestras vivencias sociales, donde lo cotidiano cobra importancia.

Una producción artística que mide las tensiones, con un procedimiento de transformación de las presiones del medio ambiente: las mismas que nos alimentan, que nos estimulan. Una producción artística nueva y clara, orientada al reconocimiento de lo nuestro, como una propiedad inmediata para recobrar nuestro sentido de identidad.

Es imposible seguir comportándonos como turistas en nuestros propios países, y de nuestras propias necesidades. El arte no es una trivialidad superficial, carente de sentido. El mundo nos reclama una actitud más definida, menos individual y ligera; nos reclama una actitud consistente y consciente, de nuestras vidas, que guíe nuestras emociones e impulsos en el camino positivo de nuestro presente; en el proceso de reflexión, motivador y estimulante, de todas las modanzas constantes, en función del bien común, del bien colectivo y del bien social.

1985

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