Poemario

El Arte… un universo vivo

El
universo es un pensamiento vivo, y el arte, para ser real, debe
parecerse al universo, es una cuestión de inmensidad, de
glorioso gozo de dimensión cósmica; es un alma mágica
que pesa tanto!.
Tanto, como un cielo cargado de estrellas, que de pronto explota
y nos llueve por dentro. La respuesta está en la noche. Un
escenario desnudo y excitante; nacer para valer o no nacer. Sin
términos medios perfumados o arrogancias mórbidas,
ocultas en la sombra, la palabra que nos rescata es amor!.
El irresistible poder de la verdadera fuerza que existe, no es un
orgullo falso, que no tiene diálogo, ni la palabra vanidad,
que se asusta, cuando le nombran la muerte. El arte es un pedazo
de paraíso sin tiempo que nació precisamente para
deterner ese fantasma; es algo que brinca en nuestros corazones,
como un niño que no ha sido vestido de vicios y de límites.
¡El arte es el más allá del allá!.
Es un oxígeno silencioso que nos palpita hambriento.
Es una música espacial que a veces nos hace llorar.
Un bosque perdido más adentro, apasionado.
Una criatura triunfante hechicera que nos vive.
El arte es una orquesta sinfónica de sentimientos, que habla
a través de una piel creada, para inmortalizar los instantes
de un ser, que desnudo se entrega a la nada.
El creador es un diminuto ser gigante, capaz de dar al hombre la
ternura de aquel lugar invisible, con el que llenar de alegrías
desafiantes el espacio que se ha quedado vacío.
Asume su júbilo glorioso, y se entrega con el mismo riesgo
al abismo de sus inmensas tristezas, o como decía Fernando
Pessoa:
» Es un fingidor, que finge tan completamente, que llega a
fingir que es dolor, el dolor que de veras siente».
El arte es la geología del tiempo, que desabrocha las sorpresas,
el único matrimonio que no tiene divorcio, hasta que la muerte
nos separe. «Nada nos detiene, nada, ni la muerte. Ella nos
destruye, no nos detiene”.
De Roberto Juarroz, que tiene un poema vertical que debería
formar parte del concepto universal de lo que es ser artista: «Gastar
por anticipado el tiempo de la muerte, consumir el silencio del
futuro, como una flor enterrada, vivir a crédito de la eternidad
imparcial que nos espera, poner entre las mañanas y las tardes,
algo más digno de fe que el mediodía, y aprender a
pararse en las palabras, aunque estén acostadas; tal vez
así la muerte dure menos, y no se cansen los ojos que nos
miran».
¡Para mí, Dios ha sido el creador de la mayor de todas
las ficciones: la realidad!.
Algo que no debería ser, y que es. Ahora nos toca a algunos
aventureros, inventar, soñar y construir como debería
ser nuestra verdad, la naturaleza de nuestra presencia. Esa es la
otra ficción.
La más extremista.
En un mundo donde nos matamos unos con otros, creando ideologías
entre mares y desiertos de egoismo. Inventar la fuerza para escapar
del holocausto, a un lugar adentro predestinado donde podamos cultivar
una esperanza. Esa ilusión que nos alimenta y nos indica
como centinelas, el único lugar donde podemos vivir en serio,
la fantasía!. Y mientras nos quede alimento de historia,
aunque creer en un mundo mejor sea una utopía, hay que luchar
sin ahorrar ni un solo grito en estas tormentas donde ofrendamos
nuestras vidas por que el mundo sea algo más que un mundo,
y nuestra irreverencia mayor siga siendo la palabra sagrada de seguir
creyendo en Dios.

JUAN LOYOLA.

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