Reportajes

La Rebelión de un…

La carga polémica que sustenta toda la obra del artista venezolano Juan Loyola, es la expresión de la rebelión individual de un creador suramericano. Es también la conciencia aguda de la repulsa colectiva de una generación.

La crisis de identidad latinoamericana se expresa a través de toda la gama de denuncias individuales y colectivas de la injusticia social.

Pintor, escultor, cineasta, performancista, Juan Loyola es el hombre orquesta, del rechazo de todas las opresiones, el cantor de una sociedad idealista, donde el hombre sería tratado en su justa medida.

La paradoja desarrolla su propia lógica, a la desmesura de la rebelión y del rechazo, a través de sus acciones, de sus presentaciones, sus manifiestos, Juan Loyola acusa a la élite corrompida de su país, y también las formidables complicidades de la conciencia colectiva; la injusticia se desarrolla con mayor comodidad, cuando ella cuenta con la complicidad de la resignación y el egoísmo de las pequeñas diferencias.

Denunciar la condición inhumana de Venezuela, en espera de mañanas mejores para una tierra que él ama, tal es el ambicioso programa de Juan Loyola, tal es el peligro de una tal apuesta de orden, tanto estética como ética, y en efecto, la única arma que posee el artista, ante todos los abusos del poder, reside en su conciencia moral, y el grado de compromiso correspondiente, que él está en medida de asumir.

Los grandes momentos del discurso moral son la alegoría y la metáfora.

Juan Loyola siempre quedará para mí arropado en los pliegues de la bandera de su país, una imagen tricolor amarilla, azul y roja: los colores del sol, el mar y la sangre.

La identificación de un hombre con la simbólica de los colores de este emblema nacional, es sin duda, algo que puede parecer banal, en extrema sentimentalidad, y sin embargo, del sol a la sangre, de la luz a la muerte, es todo un destino que se inscribe, cuando se vive en un país, cuando la escala de valores, que uno considera como primordial, es pisoteada de una manera constante y sistemática.

Yo estoy consciente del talento de Juan Loyola, creo en su obstinación y en su fe por la causa justa. Pero él nos parece ser, de esa carne emocional hipersensible, de la que están hecha los mártires.

Yo lo admiro, con mucha ternura y concretamente, yo tengo miedo por él.

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