Reportajes

Videos de Loyola

Frank Padrón Nodarse
(Crítico cubano)

Enfrentarse con estos documentales no es otra cosa que entrar en contacto con el mismo artista que los genera: Juan Loyola está en ellos de cuerpo entero, y no sólo, claro, porque le vemos engrandeciendo la imagen con su enorme figura de cíclope-niño, inundando la película con su fuerza y su virtud. Es, sobre todo, porque la potencia telúrica de su arte recorre estos videos; avanza la imagen móvil con el éxtasis del ensueño y la cadencia, signos de su pintura, códigos de esos murales donde el color, el abigarramiento y el dinamismo lanzan gritos de vida a cada paletazo, a cada golpe de poesía.

Loyola y sus banderas, Loyola y sus alaridos, Loyola y sus gamas, Loyola en una perenne performance, donde desafía a la policía, al silencio, al conformismo. En estos videos laten todas sus inquietudes; está el mapa que recorre del hombre al artista, del artista al hombre, y esa intersección prístina, juguetona e imperceptible donde ambos se funden y se pierden en el otro.

No se conforma el artista con pintar y decir; ya fuera bastante la obra, para remover sus montañas, para sondear sus mares, pero él sabe que no es suficiente y grita, literalmente, ante lo mal hecho. Sus reclamos saltan de los murales a la propia sociedad; de la aparente mudez del museo a la calle; de la mirada complaciente del espectador a un terremoto en su interior: al que aspira el artista con esas banderas encendidas, esos montes coloreados y acalorados, esas moles de rojos y azules que encienden otros colores en el iris de quien observa…

Juan Loyola no se conforma con el pincel y la pistola; también usa la cámara, como otro bisturí, otra mano, otro par de alas. Entonces, en encuadres inquietos, en planos inclinados, movedizos y traviesos, va narrando su plástica y su entorno; las gentes que se agrupan para degustar sus criaturas; las calles que prestan sus aceras y rincones para cada nuevo acto de fe que significa su arte; el propio movimiento que rodea sus murales y que él imita, enriqueciéndolos.

En cada mural, otra exigencia, otro desafío, otra meta.

Y en estos videos hay ese mismo aletear, esa vibración de sensibilidad y técnica, ese envolverse en bandera y ser. En definitiva, bandera, eso es también Juan Loyola.

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