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Existen artistas plásticos que sus compromisos políticos sociales no se reflejan con rotundidad en la obra, incluso en aquellas sociedades donde, según afirmaba Pío Baroja, » un hombre un poco digno no podrá ser en este tiempo más que un solitario». Y por supuesto, de soledad se alimenta Loyola, y de sociedad, para impregnar su obra y pensamiento a la práctica, huyendo, desde luego, como sugiere Antonio Machado, «de la contemplación de nosotros mismos». Su vínculo íntimo, de amor y pasión, con Venezuela, con toda Latinoamérica, le conduce al rechazo de los corruptos personajes públicos que usan de la política como pantalla para enriquecerse, y son capaces de cualquier vileza. Ya lo decía sin disimulo el genial Francisco de Quevedo, en la conocida letrilla de 1603, titulada “Poderoso Caballero es Don Dinero”:
«Madre, yo al oro me humillo:
él es mi amante y mi amado…»
Es lógico, pues, que Loyola realice un conjunto de actividades de videos, cuya misión es la de provocar para denunciar toda clase de inmoralidades, conteniendo, los videos, por lógica, un fuerte punto intelectual, pero menos artístico que la mayoría de sus textos, prosa y verso, y de sus cuadros. No obstante, reafirmamos que para comprender a Loyola es ineludible un análisis en panorámica de todas sus formas de expresión.
Como hombre y artista vive lo actual en palpable compromiso, y su pintura resulta fiel reflejo de una radical e inolvidable idiosincrasia. En dicho sentido, cabe recordar el pensamiento de Naum Gabo y Antonio Pevsner, coincidente con el de Loyola en cuanto a su postura respecto a la realidad. Dicen: «Dejamos atrás el pasado como una carroña. Dejemos el porvenir para los profetas. Para nosotros, tomamos el presente».
Como muy pronto veremos, la obra pictórica, en disimulado pasaje, se carga de una polisemia inscrita en dos áreas: los fondos que generan sugerencia espacial, y la materia situada sobre éstos, que configuran un variado campo formal. Los fondos, primera capa pictórica, están hechos con muy escaso grosor, en tonalidades que se alejan del espectador para obtener profundidad, y con tres variantes: Dos franjas paralelas bien delimitadas, o en clara interrelación mediante gradaciones, en muy variados niveles, y colocando una especie de ventana en los costados del lienzo, para encauzar la mirada hacia el centro. Superpone a los fondos trazos gestuales, bandas rectangulares, trazos signales colocados directamente con el tubo, gruesas salpicaduras, círculos espontáneos e informales, y la bandera venezolana. Todo ello nos ata a un dinamismo eterno, excepto la bandera según comprobaremos, fusionando, en gran parte, con el pensamiento de Heráclito, cuando apoya un Universo en continuo devenir, en perpetua transformación, pensamiento aplicado, aquí, al anhelo por una sociedad venezolana más justa.
Asimismo, la zona del fondo nos catapulta hacia componentes líricos, mar y cielo, o dramáticos, en armónica dependencia con el color, mejor dicho, gracias a éste. El resto de lo plasmado siempre adquiere matices trágicos, de fuerza expresiva, salvo algún trazo signal revestido de alegría. Conocida es la incoherente Ley de Venezuela que sólo permite el uso de la bandera al gobierno con fines partidistas. Loyola emplea dicho símbolo como arma para reivindicar su libre utilización y las graves injusticias que permean la sociedad venezolana. Y esto, le ha costado la cárcel. En los cuadros, la bandera resulta elemento imprescindible para equilibrar la composición, como argumento para insistir en su derecho a utilizarla, y para que todo extranjero identifique su obra como venezolano. Obsérvese también, que en los costados se prolonga de forma expresionista, desgarrada, para seguir diferentes problemas sociopolíticos.
Juan Loyola es, por carácter, hombre amante de la armonía, muy afectivo, incansable, analítico del vasto vivir. Sus sentidos son antenas desde la razón. Busca trascenderse; de ahí su afirmación: «Más allá del más allá, donde termina el infinito, y comienza el lenguaje del silencio”. No tolera la injusticia, lo cual le impide permanecer indiferente o buscar el fácil éxito. Apuesta por una sociedad donde la ilusión sea norma, y la pobreza, inexistente, siendo, por entonces, cuando la aventura podría transcurrir en la cotidianidad.
San Juan de Puerto Rico, 14 de febrero de 1988.
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